¿Y yo
que hago aquí?
31 de agosto del 2011 mí día de cumpleaños y el primer
día de un viaje que me mantendrá lejos de casa por todo un año. Antes de
despertar siento a alguien tocándome, era Tía Toña con los ojos llorosos
despidiéndose de mí y me dio diez dólares para el almuerzo del día. Cuando
realmente desperté me encontré a mis padres Nani y Carlos con los ojos tristes
pero deseándome el mejor de los éxitos en esta locura de irme a un país
extranjero con el propósito de dominar una lengua prácticamente ajena a mí. Al
ver a mis padres el pecho me empezó a molestar como cuando sabes que se
aproxima un momento difícil, el presentimiento la falta que me haría el olor de
mi madre en la cocina o la sonrisa de mi padre al llegar del trabajo.
Luego de haber desayunado escucho a mi hermano llegar, el
me llevaría al aeropuerto. Mi vecinita,
prácticamente mi hermana quería acompañarnos pero no se lo permití. En esos momentos pensé en mi sobrino Cristo
que apenas cumplió diez meses y ya camina.
Lo extrañaría tanto, cuando lo dormía meciéndome en una silla con él.
A mi hermano lo extrañaría muchísimo también, él es como un segundo
padre y amigo.
Llegando al aeropuerto, el pecho me quería estallar, la
realidad hasta me pasó por la mente no irme.
Mi familia es lo más que atesoro en este mundo y estaba a punto de
perder comunicación directa con ellos.
Mis padres no poseen conocimiento tecnológico, no han desarrollado las
destrezas necesarias para utilizar un computador y apenas saben utilizar un
celular. Pero luego de un cálido abrazo
y un te amo, vi a mi familia partir y entre al aeropuerto de San Juan.
En el aeropuerto totalmente nervioso, triste y asustado
corrí a la inspección de agricultura y luego busque los boletos y entregue la
maleta en la zona de carga. Esta sería
la primera vez que viajaría solo. A los
dieciséis y diecisiete años había viajado con una maestra de la escuela
superior del municipio de Morovis, pero esto no se comparaba. Por mi mente solo pasaba que una vez en
Montreal, no tenía donde dormir y era muy importante moverme rápido una vez
allí para pasar una noche cómoda.
En el avión tuve que cambiar de asiento para ayudar a una
madre que viajaba con un bebe de dos meses de nacido. Entonces quede junto a una señora de Lares y
su nieto de seis años, Ella vive en Filadelfia con toda su familia pero todos
los veranos viaja a Puerto Rico. Su
nieto siempre quiere llamar la atención, sus padres están separados por lo cual
luego del niño hablar conmigo un rato me pregunto: “¿Tú quieres ser mi Papa?”,
pregunta que me dolió en el alma, pues, pude ver sus ojos sinceros, sufridos y
faltos de amor paternal. Platique con
ellos hasta Filadelfia donde perdí contacto con ellos y espero no para siempre.
Una vez allí corrí como loco hasta llegar a mi “gate”
para percatarme que cambiaron la puerta de salida y ahora estaba perdido en los
Estados Unidos país que irónicamente soy ciudadano y me es totalmente ajeno.
Luego de consultar la cuenta de e-mail en mi iPod y no encontrar nada, corrí
hasta la sección C del aeropuerto para por fin encontrar una mesa de
información y verificar el vuelo. Corriendo, corriendo y corriendo llegue a la
sección A nuevamente y encontré la puerta asignada. Entre al avión, pequeño,
donde todos parecían ser muy amigables. Sentado llene los documentos para la
aduana y prácticamente sin darme cuenta ya estaba en Canadá.
¡El francés es tan hermoso aquí! El francés que recordaba era seco, pero aquí
tiene una dulzura y fluidez que realmente enamora. Mientras caminaba hacia la aduana podía
comprender las cosas escritas, sin embargo la forma de hablar es todo un
reto. Me pareció que el año y medio de
francés que tome en Puerto Rico fue en vano.
Al llegar a la cabina un muchacho muy amable de facciones
francesas me saluda: “bonjour!”, yo conteste el saludo y le entregué el
pasaporte y una hoja que previamente había llenado en el avión con un bolígrafo
prestado. Le mostré la carta de aceptación de Bishop’s University y le dije que
estaba en Quebec para aprender francés.
El sonrió y me dijo que Bishop’s era una institución anglófona, a esto
yo conteste que si pero la misma poseía un buen programa de lenguas.
Luego de recolectar la maleta caminé hacia la salida
donde me desviaron, se enfado un oficial debido a que yo no hablo francés, se
molestaron por ellos no tener registro de mi llegada y me enviaron a subir a
otra oficina de inmigración a las 10:40 de la noche. Fue gracioso lo arrogante
y funcional que fue el oficial y que realmente entendí algunas de las cosas que
dijo en francés, pues, lo que es difícil es el acento local.
Una muy amable oficial de migración me atendió sin
problema alguno y en un abrir y cerrar de ojos ya estaba aceptado en el país.
Baje por un elevador, page el visado y oficialmente estaba en Quebec provincia
de Canadá sin conocer a nadie y sin idea de donde iba a pasar la noche.
Siendo ya las 11:30 de la noche me tiré siguiendo
letreros para encontrar un lugar donde dormir, dentro del aeropuerto. Claro luego de cambiar mi dinero a moneda
canadiense; en el aeropuerto de Montreal se encuentra un hotel no muy económico
pero debido a la hora fue la única opción posible. Mil subes y bajas en los elevadores hasta por
fin registrarme consciente de que gastaría casi trescientos dólares en una
noche.
Una vez en el cuarto busque mi computador para asegurarle
a mis seres queridos que estaba a salvo, tarea difícil, pues, solo me pude
comunicar por mensaje de texto y por Facebook a ver si alguien le daba el
mensaje a mis padres. Un merecido baño y
a dormir como es debido luego de tan largo día lleno de tantas emociones y
preocupaciones nuevas.
Wow!
ReplyDeleteSolo tengo una palabra... HERMOSO!
Es una narrativa excelente.
Empece leyendo lo para mi y termine leyendo en voz alta porque mi mejor amiga quería escuchar! A ella también le gusto mucho y parecíamos niñas cuando les intriga un nuevo cuento.