Así ya no estudio por el norte…
Este ciclo ya sabía debía concluir. Me he negado a escribir por una nostalgia
placentera que me invita a no cerrar el ciclo de estudiante por el norte, como
si de esa forma me fuera posible prolongar mi estadía allá. Ya es tiempo de continuar, no solo por que
han pasado ya dos meses con cuatro días desde mi regreso físico, también porque
se avecina el fin de otra etapa en mi vida.
Ahora soy candidato a conclusión de grado de la Universidad de Puerto
Rico en Cayey, para serles sincero la idea me aterra. Por tanto forzarme a cerrar este capítulo es
prepararme para este nuevo proceso de nostalgias e incertidumbres que será
entrar en sociedad como bachiller.
El último mes de clases en Canadá fue uno
de grandes alegrías y si hubo tristezas como persona que soy ya las he
mitificado. Me llega a la memoria un
noche en la que salimos a no sé qué, pero si a donde, Bruna y Yo. Ese donde fue Tierra de Fuego lugar en que
nos encontramos con Vivianita la ecuatoriana para a sorpresa nuestra salir a
casa de Katja ya que ese día fuera su cumpleaños. Un compartir tan sencillo y gratificante como
ese cumpleaños es difícil de conseguir, y así disfrutando de la noche
terminamos con guitarras, masas de pan para hornear en la fogata que daba a
nuestros pies, amistades y un bizcocho extremadamente delicioso hecho en casa y
sin harina alguna. Al salir caminamos de
regreso a la Universidad pensando muy ingenuamente que ese sería el fin de
aquella noche.
Anthony nos recogió de camino. Tratamos de
encontrar a Isabela pero esta estaba
estudiando en la biblioteca y se reusó a salir.
Pasamos a buscar a Antoine pero este tal parece se encontraba teniendo
sexo en su recamara, fue muy divertido molestarle luego. Stephanie se encontraba con Vincent (un amigo
que nunca conocí) pero luego se nos unió y salimos sin rumbo esa noche. Pasamos comunidades abandonadas, grandes
campos parecidos a cualquier lugar sacado de una película de terror para luego
terminar en Sherbrooke jugando en los puentes iluminados todos sabiendo que el
fin estaba próximo.
Esta conclusión es una memoria rota, por
ente ni cronológica ni fiable como suelen ser los recuerdos que más que recuerdos
son creaciones. La enfermedad llegó y
fuerte. En cuatro días no pude salir de
mi recamara pero gracias a Bruna, Gabriel y Mariela me recuperé. Ellos me llevaron comida y bebidas que junto
a su compañía y muestras de cariño me sirvieron para luchar contra el virus
desgraciado.
En esas últimas semanas nos reuníamos
prácticamente a diario y siempre había una excusa para visitar a alguien o ir a
una barra. Al final me hice muy amigo de
Gabriel y le extraño; Bruna siempre
estaba ahí y mi vida no es la misma sin ella pero cada vez que salía con
Philippe y Stephanie me divertía mucho más.
Con ellos dos todo era un trío de cortejos y camelos, un baile, masajes,
risas y bebidas. Hoy día me hacen
muchísima falta esos momentos y ellos dos mucho más.
Comparado con los que partieron a sus países
el primer semestre, esta despedida fue menos dolorosa, pues, ya casi todos regresábamos y los que permanecen se
tienen entre ellos. Cuando recogía mi cuarto en una maleta y una caja de regalo
mi cara de humedeció pero mi boca sonreía.
Mi ropa de invierno fue obsequiada a Tierra de Fuego para que ayuden a
futuros estudiantes y preparé un libro con fotos para conservar con firmas de
mis queridos compañeros.
En mi último día dentro de Bishop’s
University capte una presión en mi pecho.
Recuerdo compartir con muchos en Dewies y decir adiós. Fui a NoPo y ayudé a Stephanie con unos
paquetes; bebí una última cerveza con unos muchachos entre ellos Dennis, Pavel,
Antoine, Erick y Jeremy. Luego regresé al cuarto de Steph donde estaban Mariela
y Julia. Luego de decir adiós a Julia
fui a casa de Ben y dije adiós a Nathalie entre otros y salí a media noche a la
sala común de Mackinnon, mi residencia.
Allí Isabela junto a Philippe, Mariela, Gabriel y luego Julia y Steph esperaron
conmigo unas horas en lo que partía de ese lugar para no regresar.
Como era el acuerdo subí a despertar a
Anthony a las 3:00am quien nos llevaría al aeropuerto. Isabela escribió en mi pie que nunca la
olvidara y que permaneciera en su vida.
Phil me abrazó en un triste y cálido abrazo al cual no respondí como
ameritaba y al día de hoy me arrepiento enormemente con la incertidumbre de no
saber si le veré nuevamente. Fuera del edificio un gran grupo de compañeros
aparecieron y todos un fundimos en un gran círculo internacional de ojos
llorosos. Niñas japonesas corrían
gritando y llorando mientras todos nos prometíamos amistad y visitas que
probablemente no ocurrirán.
En el auto se encontraban Anthony,
Stephanie, Antoine y yo. De madrugada conduciendo hacia el aeropuerto todos
fuimos muy cuidadosos con que decíamos y que música aparecía en la lista de
reproducción, esas dos horas fueron eternas y ni ver la alborada nos alegró
luego de aquella perdida reciente…