Tuesday, October 4, 2011

De estudiante por el norte... parte 8



Esto fue un Fin de Semana

Ya es cuatro de octubre y apenas estoy recuperando la voz, pero sarna con gusto no pica y si pica no mortifica.  El pasado miércoles gracias a mi gran capacidad y habilidad para procrastinar,  me dormí a las cuatro de la mañana terminando un trabajo para una clase.  El jueves así, muy descarado, sin dormir me fui a celebrar un cumpleaños y presencié la situación más xenofóbica e ignorante en mis veintidós años de vida.
 
Resulta que los RA de la residencia estaban entrados en tragos, cervezas y quien sabe que más, mientras entre todo el estruendo de “froshies” alcoholizados nos preparábamos para salir al Lion’s Pub en Lennoxville.  El grupo multicultural compuesto de vecinos de USA, Sur África, Brasil, Francia, México y Puerto Rico; charlábamos en la habitación de la cumpleañera y fuimos visitados por los RA antes mencionados.  El alcohol padre de conversaciones conflictivas engendró el tema globalización, economía y países sub desarrollados.  ¡Qué desilusión!  La gran ignorancia canadiense capaz de decir que el resto del mundo está en desventaja por no tener grandes llanuras fértiles,  sabiendo nosotros que Canadá es un bloque de hielo casi todo el año.  Escuchar que el mundo está mal por no querer copiar a los países del norte,  sabiendo nosotros que ese es uno de los mayores errores porque no puedes copiar un gobierno de X cultura esperando que sea funcional en Y cultura.  Así sucesivamente hasta escuchar cosas como: “a mí no me importa el resto del mundo”, “si fuera oscurito me entenderías”, “Si lo que quieren es dinero, pues, les mandamos”; en fin comprendí que la ignorancia está presente en todo lugar y más en los que creen que saben.

Luego de ver hasta lágrimas correr y aprender un sonido de las lenguas africanas decidí irme a dormir, nuevamente a las cuatro de la mañana. Ese viernes treinta de septiembre madrugar no era una opción.  Esperar que abrieran el “Dewis” para desayunar y recoger mí merienda fue un momento ensoñado cuasi sonámbulo.  Luego preparé café puertorriqueño para Dennis, que sería mí chofer y salí a tomar mi curso de francés y disfrutar de la música de la Piaf.

Salí media hora antes de la clase para esperar por los muchachos en la estación del bus, donde nos entregarían el auto que habíamos reservado para rentar.  Un Pontiac automático en manos de un alemán que no sabe ni arrancarlo, pues, no es manual y que de casualidad parece a “Justin Bieber”, no inspira confianza.  Dormir en el auto no fue posible.  Un largo, largo viaje pero divertido a su vez nos esperaba ese día.  Canadá es hermoso,  pero no se le compara a la diversidad geográfica de Puerto Rico.  Estas llanuras y panoramas interminables son precisamente interminables y extenuantes al punto de desesperar.  La idea de insignificancia cruzó mi cordura al ver tanta magnificencia prolongada.  Luego de seis horas de viaje vi el mar y hasta este me pareció más grande.  Antes de Tadoussac hay que cruzar el río St Lawrence en ferri, fue muy divertido ver como el camino termina en un ferri y luego continúa al otro lado del río habitado por ballenas.
 
Una vez allí fui a buscar la llave de la habitación.  Que sorpresa ver un cuarto tan rosado y florido para cuatro hombres.  Pavel sirvió una especie de ron francés que para mi sorpresa no es otra cosa que “chichaito” en botella elegante.  Luego de eso mis idiomas cualificaron como fluidos y ni dos minutos luego estaba en una mesa hablando con unas chicas que estudian en Ottawa.  Conocí nuevas personas de Hungría, Suiza, Alemania y España esa noche.  Luego de la peor cena, en la hostelería de al lado, y un paseo con las nuevas amigas, fui rescatado por personas que si “conozco” y nos visitaron unas compañeras para reírse de nuestro cuarto.  En el cuarto reímos hasta media noche solo para percatarnos que dos chicas habían perdido el bus que las llevaría a su hostelería.  Una larga y fría caminata nocturna!  Adiós a mi voz…

Como coordinado la noche anterior, ese sábado madrugamos y nos dispusimos a caminar por Tadoussac.  Vimos un lago justo al lado de mi cuarto, caminamos por el “mercado” y bajamos hasta la hermosa y fría costa.  Luego descubrimos una vereda que me hiso sentir en paz, harmonía y comunión con la naturaleza.  Un hermoso y relajante panorama, una energía y abundancia incomprensible pero admirada para nuestra raza humana.  Pavel, el checo, incluso encontró blue berries que compartió con migo.  Luego de la caminata me dió calor y a Dennis también.  Salí a mi cuarto muy apresurado a dejar mi abrigo, el de Dennis y mi iPod, pues, no quería arriesgarlo en el agua.

De regreso al muelle me encontré totalmente solo, sin hora y con hambre.  A medida pasaron quince minutos una nostalgia y desesperación nublaron mi juicio.  Un gran barco zarpó con jóvenes y el terror de tan largo viaje y no ballenas aguó mis ojos.  De regreso, a sufrir en un banco, con las manos en mis bolsillos, vi a Pavel y Antoine salir de una vereda.  Era muy temprano para zarpar a ver ballenas, de hecho fui el primero en recibir el uniforme, partí en el primer bote y el demente, anormal y muy simpático marinero fue el último en regresar.

En St. Lawrence las temperaturas fueron muy bajas.  El viaje a ver ballenas es la experiencia más fría que he vivido.  No sentía mis pies, de caer al agua moriría de hipotermia y los guantes no servían para calentar mis manos.  Una muchacha muy amable,con la que me comunique en francés todo el tiempo, me prestó un abrigo para que lo utilizara de bufanda pero con todo y el frio espantoso, la experiencia fue hermosa.  Las belugas y otras dos especies de ballenas abundaban en la región, me sentía rodeado de mamíferos gigantes como las “fin whales” segundo animal más grande del mundo.  Pude ver focas y familias de ballenas belugas, aprendí que antes de los tres años de edad las belugas con gris y luego se tornan blancas.  Esas ballenas blancas no migran y en invierno se ven obligadas a romper hielo para poder respirar, tarea que les deja cicatrices.
 
De regreso a tierra firme fue una noche muy placentera.  Aunque no tenía voz y me vi obligado a comer de un plato con carne, siendo vegetariano.  Luego de tan mala comida y en tan pocas cantidades, los muchachos compraron emparedados en el mini mercado.  Antoine encontró la peor sustancia “comestible” en la faz de la Tierra.  Un emparedado de huevo que les provocó querer vomitar.  Varios días luego recordamos el emparedado y no aguantamos la risa.  Especialmente porque de regreso los muchachos compraron otro en otro lugar y se lo regalaron a Antoine.

Como les contaba esa noche fue buena.  Primero discutí un  rato con Natalia, ecuatoriana que sigue todo lo que creo no correcto,  ella es liberalita clásica hija de Locke y conductista Watsoniana.  Nuestras discusiones no tienen fin.  Luego salí afuera como a media noche y estaban cantando con guitarra y maracas y hasta percusión cerca de una fogata.  Que noche tan bohemia aquella y que mucho disfrute con tan diversas personas.  Los músicos, amigos de Italia, Argentina y Quebec tenían un repertorio muy "universal".  Entrados en sus cuarentas con tantas libertades me hicieron ver la vida de otra manera y desear un espíritu libre, aquellos músicos viajeros.
 
Ese domingo, madrugar nuevamente, entregar la habitación y partir a Quebec City.  Que ciudad tan majestuoso.  Ese lugar me enamoró al punto que encontraría un trabajo en un café y viviría allí años sin problema alguno.  Es el tipo de lugar al que aspiramos visitar y permanecer para tener una vida como la de Amélie.  Arte, cafés y arquitectura junto a melodías y la grandeza del viento en total armonía.  El viento, que es mi opuesto, siempre me ha fascinado y lo admiro por no comprender su etérea libertad no planificada.  En las calles soplaba como una tormenta pero todos caminábamos y una felicidad llenó mi cuerpo y mis sentidos.  Tanta belleza, tanta vida y olores florales en esa montaña junto a un río navegable te tienta a dejarlo todo y comenzar de nuevo.

Ya en la tarde, comimos en un pequeño restauran libanés, comida que me gusta y además es económica.  De regreso a la Universidad el camino fue eterno, pues, nos desviamos del “highway” pero llegamos a salvo.  Comimos en “Dewis” esa noche y al otro día seguía sin voz.  En estos momentos me encuentro medicándome con medicina japonesa obsequio de una amiga y planificando este próximo fin de semana.  Ya me invitaron a New York pero no iré, pues, tengo en mente Ottawa, Toronto y las Cataratas del Niágara.    

2 comments:

  1. Pobres Belugas, no sabia que no migraban y por tanto se ven obligadas a romper el hielo, lo cual obviamente duele. Al parecer cada entrada hablas mas de tus salidas, veo que te encantan ... A quien no. Hubo algo que me pareció gracioso, los cuartos rositas te persiguen, primero un salón y ahora esto. Tengo una risa desde que me di cuenta!

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  2. jajajaja!!! Los cuartos rositas! al menos el Prof. cambió de salón.

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