De cómo en la vida hay altas y bajas
Antes de Halloween los
estudiantes de la casa llamada “Tierra de Fuego” en el pequeño pueblecillo de
Lennoxville organizaron lo que sería una noche española. Ese día se hablaría en español. Luego de ignorar mil invitaciones decidí ir,
para mi sorpresa el lugar estaba vacío y terminé dando un curso de español
conversacional a canadienses, lituanos, franceses y alemanes. La experiencia fue gratificante, tanto, que
la semana pasada regresé al lugar para una noche de comida francesa. Noche en la
que irónicamente no comí.
He compartido con muchas
personas, pero hace como un mes aproximadamente me he sentido muy solo,
pensativo y melancólico. El fin de
semana de Halloween asistí a tres fiestas, ingerí alcohol, conducta que no
practico regularmente, pero mi felicidad no me pareció del nada real. Ese fin de semana disfruté la primera nevada
en mi vida y grité junto a mis amigas de Brasil con una alegría que solo los
habitantes de los trópicos comprenden.
La nieve es algo tan simple,
sencillo, calmante y poderoso que el factor de su existencia me hace pensar en
lo complejo de la Madre Tierra, cómo algo tan simple y pasivo tiene tanto
efecto y es capaz de cambiar el paisaje y el ánimo de cualquier persona. Justo ayer me encontraba haciendo ángeles y
muchos me envidian por mi habilidad para hacerlos tan perfectos. El día de hoy disfruté de una familia de
ardillas jugando en la nieve, su habilidad de adaptación me inspira y siento
que realmente mi cuerpo está hecho para vivir en el frío tanto como el de las
ardillas. Por algo he de ser tan peludo.
Hace dos días luego de una noche en vigía y mil pleitos con mi amigo
sueño y el ser irresponsable que me habita, junto con el Sol de la alborada una
familia de venados se asomó por mi ventana.
Ese acto regalado por la naturaleza me cambió por completo y toda la oscuridad
de mi mente se despejó por un instante.
Esos seres tan delicados y precisos al paso, cautelosos en el rumbo con solo
dejarse percibir cambiaron una vida.
Oh Magog! Esta expresión nació luego de un día poco
común en el que una noche amigos de diferentes naciones deciden comprar boletos
de autobús para visitar un pueblito conocido por ninguno. Magog es el hogar del mítico Memphré uno de
tantos seres que habitan las aguas de lagos mágicos en el mundo entero. Luego de tomar el autobús este no dejó en el
medio de la nada. Esa gasolinera quedaba
a dos horas de la montaña y a una de Magog.
Así nació la frase: “Oh Magog! ¿Dónde estamos?”
Luego de caminar por la nada,
compuesta de todo, sentimos paz, jugamos con un cachorro de husky y descubrimos
un lago. Tal lago te permite mirarle y
sentir tan hermosas energías que las horas simplemente pasan y solo explicas el
fenómeno con el hecho de que en ese lugar vives en espacio pero no en
tiempo. Una vez de regreso a la
dimensión tiempo y un buen café al estilo europeo junto a la larga caminata de
regreso descubres que la vida muchas veces es buena. El fin de semana que siguió a ese, la montaña
nos esperaba, subirle no nos permite conquistarle, al contrario mientras más
alto más te conquista la montaña al punto que en la cima ya le perteneces y
solo eres capaz de disfrutar el panorama.
El Monte de Orford nunca ha sido conquistado pero ha conquistado a
muchos. Yo soy uno de ellos.
Un día que no quiero
recordar, pero maldita memoria la mía… fue en el cual entre a mi cuarto y todo
me pareció distinto. Nunca quise conocer
la cultura canadiense tan bien, pero me encontré a mi roommate teniendo sexo y
salí del cuarto lo más rápido posible.
Esa noche no dormí. He tenido
como tres días de ver películas en en grupo durante la noche, sin embargo la
mejor de todas fue la noche de Black Swan porque luego de la película salí con
Anaïs a ver un concierto de Jazz. Ese
día luego del concierto practiqué francés y me gusto que los nativos de la
lengua gusten de mi acento en el idioma.
Aún tengo mucho que aprender, en especial vocabulario. En uno de los bajones de ánimo descubrí que
la falta de práctica en francés es un factor importante para mis tristezas
momentáneas. Vivir en la lengua inglesa
se torna frío y depresivo con el tiempo, pues, hay tanto que simplemente no se
puede expresar debido a lo práctico y poco poético del idioma.
El día de hoy, acción de
gracias en mi tierra, me comunique con mi familia y disfrute de sus historias y
quejas. No pude hablar con mi hermano
pero sé que ha de estar bien. Luego de
desayunar en la tarde me reuní con mi amiga estadounidense, con mi amiga
alemana y por ahí encontré a mi faisana borincána para salir a ver la
iluminación de lo que se supone es el árbol navideño más grande de Canadá. En Sherbrooke escuchamos música y luego de
una hora de espera frente al dichoso árbol al fin fue iluminado bajo la nieve
precipitada sobre nosotros. La
experiencia fue agradable pero el lugar me pareció muy atestado.
Sigo pagando las
consecuencias de mi tristeza y no entregue dos trabajos importantes. Estoy preocupado por el asunto ya que no soy
esa clase de persona ni estudiante. De
conocerme saben que me aterra el fracaso pero no tanto como para
paralizarme. Seguiré trabajando y los
enviaré por correo electrónico, he faltado a mis cursos por mucho tiempo y pase
días durmiendo diecisiete horas y llorando por cosas tan estúpidas como la
desaparición de un salón. Es tiempo de
moverme hacia mis prioridades, ser feliz en el camino y volver a escribir. Ahora tengo la mitad de mi matrícula para el
próximo semestre; estoy decidido a hacer mi maestría en Montreal ya que es más
económico que en los otros lugares que tenía pensado. Mis vacaciones de invierno están planeadas y
el día de viernes negro en mi tierra partiré a Boston para disfrutar un fin de
semana que ahogará por completo todo rastro de tristeza. A Boston me acompañarán mis libros,
computadora y mi “yo responsable” para trabajar con los desmadres de mi “yo
irresponsable”.