Tuesday, July 24, 2012

De estudiante por el norte... parte 21


Así ya no estudio por el norte…

     Este ciclo ya sabía debía concluir.  Me he negado a escribir por una nostalgia placentera que me invita a no cerrar el ciclo de estudiante por el norte, como si de esa forma me fuera posible prolongar mi estadía allá.  Ya es tiempo de continuar, no solo por que han pasado ya dos meses con cuatro días desde mi regreso físico, también porque se avecina el fin de otra etapa en mi vida.  Ahora soy candidato a conclusión de grado de la Universidad de Puerto Rico en Cayey, para serles sincero la idea me aterra.  Por tanto forzarme a cerrar este capítulo es prepararme para este nuevo proceso de nostalgias e incertidumbres que será entrar en sociedad como bachiller.

     El último mes de clases en Canadá fue uno de grandes alegrías y si hubo tristezas como persona que soy ya las he mitificado.  Me llega a la memoria un noche en la que salimos a no sé qué, pero si a donde, Bruna y Yo.  Ese donde fue Tierra de Fuego lugar en que nos encontramos con Vivianita la ecuatoriana para a sorpresa nuestra salir a casa de Katja ya que ese día fuera su cumpleaños.  Un compartir tan sencillo y gratificante como ese cumpleaños es difícil de conseguir, y así disfrutando de la noche terminamos con guitarras, masas de pan para hornear en la fogata que daba a nuestros pies, amistades y un bizcocho extremadamente delicioso hecho en casa y sin harina alguna.  Al salir caminamos de regreso a la Universidad pensando muy ingenuamente que ese sería el fin de aquella noche.  

     Anthony nos recogió de camino. Tratamos de encontrar a Isabela  pero esta estaba estudiando en la biblioteca y se reusó a salir.  Pasamos a buscar a Antoine pero este tal parece se encontraba teniendo sexo en su recamara, fue muy divertido molestarle luego.  Stephanie se encontraba con Vincent (un amigo que nunca conocí) pero luego se nos unió y salimos sin rumbo esa noche.  Pasamos comunidades abandonadas, grandes campos parecidos a cualquier lugar sacado de una película de terror para luego terminar en Sherbrooke jugando en los puentes iluminados todos sabiendo que el fin estaba próximo.

     Esta conclusión es una memoria rota, por ente ni cronológica ni fiable como suelen ser los recuerdos que más que recuerdos son creaciones.  La enfermedad llegó y fuerte.  En cuatro días no pude salir de mi recamara pero gracias a Bruna, Gabriel y Mariela me recuperé.  Ellos me llevaron comida y bebidas que junto a su compañía y muestras de cariño me sirvieron para luchar contra el virus desgraciado. 

    En esas últimas semanas nos reuníamos prácticamente a diario y siempre había una excusa para visitar a alguien o ir a una barra.  Al final me hice muy amigo de Gabriel y le extraño;  Bruna siempre estaba ahí y mi vida no es la misma sin ella pero cada vez que salía con Philippe y Stephanie me divertía mucho más.  Con ellos dos todo era un trío de cortejos y camelos, un baile, masajes, risas y bebidas.  Hoy día me hacen muchísima falta esos momentos y ellos dos mucho más.

     Comparado con los que partieron a sus países el primer semestre, esta despedida fue menos dolorosa, pues, ya casi  todos regresábamos y los que permanecen se tienen entre ellos. Cuando recogía mi cuarto en una maleta y una caja de regalo mi cara de humedeció pero mi boca sonreía.  Mi ropa de invierno fue obsequiada a Tierra de Fuego para que ayuden a futuros estudiantes y preparé un libro con fotos para conservar con firmas de mis queridos compañeros.

    En mi último día dentro de Bishop’s University capte una presión en mi pecho.  Recuerdo compartir con muchos en Dewies y decir adiós.  Fui a NoPo y ayudé a Stephanie con unos paquetes; bebí una última cerveza con unos muchachos entre ellos Dennis, Pavel, Antoine, Erick y Jeremy. Luego regresé al cuarto de Steph donde estaban Mariela y Julia.  Luego de decir adiós a Julia fui a casa de Ben y dije adiós a Nathalie entre otros y salí a media noche a la sala común de Mackinnon, mi residencia.  Allí Isabela junto a Philippe, Mariela, Gabriel y luego Julia y Steph esperaron conmigo unas horas en lo que partía de ese lugar para no regresar.

     Como era el acuerdo subí a despertar a Anthony a las 3:00am quien nos llevaría al aeropuerto.  Isabela escribió en mi pie que nunca la olvidara y que permaneciera en su vida.  Phil me abrazó en un triste y cálido abrazo al cual no respondí como ameritaba y al día de hoy me arrepiento enormemente con la incertidumbre de no saber si le veré nuevamente. Fuera del edificio un gran grupo de compañeros aparecieron y todos un fundimos en un gran círculo internacional de ojos llorosos.  Niñas japonesas corrían gritando y llorando mientras todos nos prometíamos amistad y visitas que probablemente no ocurrirán.

     En el auto se encontraban Anthony, Stephanie, Antoine y yo. De madrugada conduciendo hacia el aeropuerto todos fuimos muy cuidadosos con que decíamos y que música aparecía en la lista de reproducción, esas dos horas fueron eternas y ni ver la alborada nos alegró luego de aquella perdida reciente…                                              

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