Monday, October 24, 2011

De estudiante por el norte... parte 11


Del baile, el arte, el día D y un puente.

De cómo terminé bailando, no tengo idea.  Lo que sucede es que no dormí en toda la noche haciendo un ensayo para la clase de Historia.  Ese jueves así, todo parecía parte de un sueño, me sentía como en esos en los que no controlas lo que haces pero lo recuerdas todo.  El café y la azúcar deberían estar prohibidos del todo.  Y más aun luego de mantenerme despierto por casi tres días, días en los que incluso recuerdo gritos esporádicos e involuntarios que gracias a dios suprimí durante mi informe oral.  Mi profesor de Historia ha de pensar que soy adicto al crack.

Ese jueves decidí ir al centro deportivo.  Todos los jueves en la noche se enseñan pasos básicos de diferentes tipos de bailes.  Cada jueves un representante de cada país demuestra un poco de sus bailes típicos.  Ese día en específico Pavel sería el maestro y los muchachos decidimos ir a mofarnos un rato.  Sin saber cómo comencé a bailar, casi puedo bailar vals, estoy a un paso de dominarlo.  La polca checa es peligrosa.  Tan peligrosa es la polca que la convertí en un verbo, sinónimo de herir.  Luego de polcarnos hasta más no poder fuimos a Dewies.  Ese lugar crea adicción, tanta que el sábado estuve en el todo el día.  Norton, una de las casas de Bishop’s University, es el lugar donde viven todas mis amistades.  Anduve por ese lugar como hasta las 12:30 de la mañana y sin razón aparente terminé en el Gait.

Gait es el pup de la universidad.  Ese lugar es una pequeña discoteca y tanto cansancio, tanto café y azúcar me llevaron a entrar a brincar bajo las luces al ritmo de la música electrónica.  Fue divertido, es la primera vez que disfruto en un lugar como ese.  Siendo sincero, es la primera vez que disfruté de bailar.  Ese día fue demasiado extraño.  Por fin logré dormir a las cuatro de la mañana del viernes, mi cama me extrañó desde aquel miércoles en la mañana.  Nunca fui a mi clase de francés.

Organicé una gira al museo y solo fueron cinco personas conmigo.  Las esculturas abstractas me dejaron con la boca abierta.  Luego vimos treinta años de historia en unas fotografías.  El museo de Sherbrooke es un buen lugar para ir, en especial porque el francés de la encargada me es totalmente comprensible.  El paisaje ya ha cambiado, el invierno cada vez más próximo es evidente y la grandeza del otoño se torna gris gradualmente. 

La segunda parte de la gira fue ir al cine.  Al fin fui al cine y con más de cuarenta personas.  Como siempre sucede con los grupos grandes, terminamos viendo un film sumamente comercial.  Aunque es aceptable porque ese film era el único en ingles.  El cine de Sherbrooke hace que Fine Arts en Puerto Rico parezca un lugar común y corriente y para mi sorpresa es más económico.  De regreso a Bishop’s, Dewies como siempre y luego me fui a dormir aunque terminé viendo series en mi cuarto hasta entrada la madrugada.
 
Ese sábado en la mañana todos estaban con resacas, dolores de cabeza y así por el estilo.  Yo fui la razón, por sacarles de Lennoxville.  Me pasé todo el día en Dewies, literalmente entre a desayunar y cuando salí ya era de noche.  Aprendí que el realismo mágico es solo mágico para el mundo aparte de Latino América, para nosotros es solo realismo.  Mientras aprendía de la historia de Ecuador y de como una madre superiora secuestró el cadáver de un político y le cambiaba de ropa religiosamente, a diario hasta el día de su muerte; y los derrocamientos y los arrastrados y los secuestros fingidos y tantas, tantas cosas…  siete horas sentado en un comedor hablando y hablando hasta simplemente concluir que nuestras tierras son mágicas, mis tías clarividentes y nuestra sangre poderosa.  Con mi amiga ecuatoriana siempre hablo horas y horas de los temas más variados y académicos.  El problema es que luego nuestro inglés no es tan fluido como de costumbre.

Una vez fuera de Dewies, Pavel y Natalia terminaron bailando frente a la biblioteca y Dennis llegó de su viaje con unos familiares.  Gracias a Dennis terminamos en Dewies nuevamente y luego vimos una película en la sala común de mi casa.  Luego muchos partieron a Norton pero yo permanecí en mi casa y coloqué una película de comedia, una vez terminó ya era tiempo de dormir.  Ese domingo al medio día iría a Coaticook un parque natural donde se encuentra el puente colgante más largo del mundo.

Una vez llegue a Coaticook, realmente no tenía idea de lo que encontraría en ese lugar.  Compré un boleto para la excursión y ver el puente por antojado, sin saber realmente en donde estaba.  El lugar es un refugio para amantes de la naturaleza.  Comencé a caminar y me uní a un grupito de brasileiras para recorrer el lugar.  En el puente brinque, brinque y brinque.  Muchos recuerdos pasaron por mi mente en ese instante.  En mi niñez solía jugar con mis hermanos en el puente colgante de Jayuya.  Luego de esa adrenalina y diversión… soy el loco esta vez en Canadá.  Rodar en las hojas de otoño, emocionarse por entrar a un túnel de mina, correr hacia una torre de madera en la que puedes observar todo el parque y mojarse en el rio no está catalogado como conducta apropiada de un adulto.  Tener a mi madre de modelo es muy divertido, me hace peculiar y si me creen loco no es importante porque la vida hay que disfrutarla al máximo siendo auténtico.  

De regreso me quedé dormido quedándole mal a Yu, se supone estudiaríamos de educación.  El día anterior por estar en Dewies hablando de historia les quede mal a Arnaud y Anaïs, iríamos al cine.  Cuando desperté invité a mis amigos, la francesa y el quebequense a ver una película en la sala común de mi casa y hoy lunes estoy a punto de partir a estudiar con Yu en la biblioteca. Tengo dos exámenes de medio término esta semana.        

Monday, October 17, 2011

De estudiante por el norte... parte 10


De la felicidad y las muchas manzanas


El pesimista se alimenta de la duda y casualmente la vida le sorprende, más, pobre del optimista desdichado y sus mil desilusiones.  Ya tomé mi tercera prueba de francés y para ser franco en este momento quiero ser pesimista.  Como con todo idioma al que me acerco mi comprensión oral es mucho más elevada que mis habilidades ortográficas.  En instantes como estos mi mente anda plena de recuerdos acerca de mi formación académica en primaria donde nunca terminaba de escribir, nunca obtuve “A” en los cursos de español y aun dudo de mi habilidad para escribir, por lo cual siempre acostumbro monitorear todo lo que escribo solo para asegurarme.  Escribir ensayos para cursos a nivel universitario en ingles también es un reto.  En Cayey escribir para cursos de inglés como segunda lengua es tarea fácil pero aquí necesito un nivel comparable con nativos y bilingües formados en un país que se encuentra entre los pioneros en la enseñanza bilingüe.


Viernes, luego de dos fines de semana viajando, comienza este week-end en Lennoxville.  El departamento de francés pagó un bus que nos transportaría hasta “Le gros Pierre” una granja local en donde se cultivan manzanas, frambuesas, fresas, uvas y calabazas.  Luego de terminar el examen en un día parcialmente lluvioso nos reunimos bajo un arco cerca de la iglesia del recinto.  Dennis y Lourdes se colaron en la actividad gracias a mi invitación.  Simon, mi profesor de francés recolecto doce dólares por persona para costear una cena y la actividad como tal.  Una vez en el bus escolar me senté a platicar con los compañeros pero tan pronto salí de Lennoxville me asomé por la ventana como perrito y me dejé conquistar por el otoño imperante.

Tan pronto llegué a la granja disfruté viendo las calabazas y unas figuras hechas de ramas.  Simon nos pidió le siguiéramos y una señora con belleza, solo en octubre,  nos recibió.  Nos sentamos todos en un colorido comedor en madera, decorado con duendes que habitan manzanas.  La decoración me motivó a verificar todas las manzanas antes de comerlas, por lo cual de verme hablar con una manzana antes de morderla con ignorarme es suficiente, no hay por qué alarmarse.  En la mesa comencé a relajar con Bruna y con Tomas, vecino de Lituania, un buen amigo con el que platico en la clase de francés.  Luego descubrí el porqué las personas aman las manzanas.  En Puerto Rico solo gusto de manzanas verdes, pues, literalmente las manzanas me parecen fon colorido.  En este lugar, donde todo lo que comí fue cosechado en rededor del comedor las manzanas son… disculpen no tengo palabras apropiadas para una descripción adecuada.  Luego de almorzar aquella ambrosia nos montamos en un vagón que sería movido por un tractor. 

Nos avían informado que no quedaban manzanas en los arboles debido a que el suelo se frisó y ese es el indicador para la recolecta masiva de manzanas antes de que pierdan su dulzura.  En mi caso, vi tantas manzanas que mis compañeros pensaban que estaba loco.  No me explicaba por qué ellos no las veían pero convencí a Tomas y a Bruna cuando recolecte una.  Ellos me siguieron y en menos de 15 minutos ya no podía colocar ni una manzana más en mi bulto.  Solo los que se me unieron recolectaron manzanas y solo yo las veía, les señalaba y les permitía pasar por la experiencia de recolectarlas.  Ellos concluyeron que soy un ser de la selva con talentos para le agricultura, yo continuo preguntándome cómo es que ninguno veía las manzanas. 

Encontré manzanas gala, rojas y amarillas.  Luego encontré fresas muy grandes y muy dulces, ellos pequeñas y sosas.  Compartí las fresas buenas con Tomas y Bruna.  Comí frambuesas y jugué con mariquitas y le hablé a una avispa muy grande.  Al hablarle a la avispa note algo similar entre mi comportamiento y el de mi madre, me enorgulleció y me avergoncé a la vez.  Luego descubrí las uvas, Tomas las probó y estaban amargas.  Cuando yo intente estaban dulces y jugosas le di a probar de las que yo recogí y el las disfrutó también y definitivamente me miraron extraño, hasta yo me sentí extraño.  Les dije que en el Caribe la vida es más dulce y mi Profesor me enseño la manera de comer esa especie de uva.  La presionas en la boca, bebes el jugo y luego comes la cáscara.

Luego solo yo disfruté de un tour en francés por la fábrica donde procesan las manzanas.  Los demás o no entendieron o no les intereso pero yo entendí todo y seguí a la guía en todo momento.  Fui un niño pequeño.  La señora de belleza solo en octubre, muy apropiadamente, nos hablo del día de brujas.  En la región es muy importante porque es la única oportunidad de demostrar no sentir temor de la muerte.  Luego la muy bruja ella comenzó a hablar en español. 

Ese día note cierta química entre Alemania y España y pensé en los reyes en común entre otras cosas.  Es divertido ser buen observador.  De regreso fui perrito nuevamente y vi vacas gordas literalmente.  En la Universidad me despedí de Tomas y caminé un poco con Bruna, Lourdes y Dennis.  Ellos planificaron cosas y no contaron conmigo.  Ese factor y el recordar que el próximo día el lucero de mis ojos cumpliría un año de vida me llenaron de tanta melancolía.  Además de la tristeza solo pasó por mi mente que haría con tantas manzanas, el bulto pesaba muchísimo y antes de irme la bruja me entrego una bolsa repleta de manzanas.

Coloqué todas las manzanas en la sala común de Mackinnon, mi residencia.  Luego me tire en mi cuarto dispuesto a hacer la depresión.  En el proceso me percaté que había pasado más de un mes de mi último abrazo.  El treintaiuno de agosto mi padre me abrazo en el aeropuerto de San Juan.  Que gregarios somos los puertorriqueños y que distantes e indiferentes son en el mundo.  Coloque un estatus en Facebook acorde con mi estado y muchos me animaron en especial Conni.  Ella me invitó a Sherbrook a compartir y me prometió un abrazo.

Falto de cariño me asee y partí hacia Sherbrook.  Un mal entendido no me permitió encontrar a Conni y ya que estaba en Sherbrook camine baje la lluvia hacia “Chez Charley” y comí ensalada y Poutine, practicando mi francés que fue pésimo y desilusionante pero me comunique.  Luego si quede con Conni y quedamos en “Si boire” el bar de estudiantes en la estación de tren abandonada que tanto me gusta.  Esperé por Conni y fui abrazado.  Luego la invite una cerveza, para mi agrado la mesera no sabe nada de inglés.  Ese día mi habilidad se bloqueo por la nostalgia pero nos entendimos, pues, utilice mi poco vocabulario para pedir dos tablas con los seis diferentes sabores de cervezas que hacen en el lugar.  Conni se sonrió de mi intento de comunicarme, yo ya estaba feliz por la oportunidad de exponerme a una situación como esa.  Luego de una muy amena conversación y las seis cervezas, un empleado llego a recoger los vasos, su francés lo entendí como si fuera español, me reí de su comentario, le hable el entendió y me contesto, le ayude con las tablitas donde vienen las tazas de cervezas y le agradecí y el a mí.  Conni me hizo a observación de que hablé con él y luego de dos intentos de francés no tan gratificantes, el tercero fue bueno.  Lamentablemente fue el poco de alcohol en mi el que me ayuda con la fluidez en francés e inglés.

Luego me sentí muy feliz porque Dennis me envió un mensaje procurándome para que me les uniera.  Tome el Bus con Conni hacia Bishop’s y nos encontramos con Cecilia, francesa que conocemos, que regresaba de un concierto de Jazz.  Una vez en Bishop’s University intente entrar a la residencia donde se encontraban los internacionales pero no pude.  Me conecté en Facebook y solo encontré a Moya de Alabama.  Ella se encontraba en mi residencia.  Me despedí de Conni con otro abrazo y me dirigí a mi residencia.

En la sala común se encontraban otras amistades entre ellas Moya, Sam (mi madre africana) Nathalie y Jorge.  Estaban viendo una película y comiendo de las manzanas que había dejado en ese lugar.  Mac mi “roomie” estaba en la sala y me saludo muy entusiasmado y me dio una cerveza.  La película no me interesó para nada y Lilliana Lee me escribió que me comunicara con ella.  Hablé con Lee y a la una de la mañana Lourdes me pregunta que donde estaba.  Ella me abrió la puerta de Norton y Pollok, residencia donde viven todos los internacionales con los que realmente disfruto.  Me enteré que activaron la alarma de incendios esa noche con “estrellitas” cantándole cumpleaños a una compañera.  Antoine estaba muy, muy ebrio y el cuarto muy caluroso.  Reflexioné en la vida y en lo bien que la pase esa noche sin ellos.  En cinco minutos me fui y me amanecí viendo “Modern family” y a “Sheldon”. 

El sábado trate de estudiar, lo juro.  Me escape de la biblioteca y me fui con otra Cécile al centro comercial.  Con ella practique francés y en el bus perdí por completo el interés que tenía en una chica muy hermosa de Francia también  que se sentó frente a nosotros y me dirigió la palabra por vez primera.  Cécile practicó su español conmigo y de regreso luego de comprar mis ropas térmicas la avergoncé cantando en voz alta en el bus. 

De regreso me invitaron a salir en la noche pero terminamos en una residencia de la Universidad, la de nenes riquitos.  No me sentí cómodo en ningún momento al punto que ni hable por más de una hora.  No sé exactamente que había en la atmósfera pero algo me incomodo.  Luego platique un poco con Dennis y Lourdes y me fui.  En ese lugar estudie de todas las materias en mi mente y me senté en el suelo junto a mi madre africana. 

Hoy escribí para una clase, aun tengo mucho que hacer.  Participé en la creación de una fotografía que trata de la soledad entre la multitud y me sentí identificado.  Luego jugamos en el estudio fotográfico posando de forma graciosa.  Mi madre africana disfrutó de café Yaucono y por alguna razón desconocida comencé a hablar de los “Teletubbies” en Dewies Hall el comedor donde tanto tiempo permanezco.

Mientras se acercan las fechas límites para los trabajos y estoy tranquilo.  El sábado hablé con mi familia y eso me da fuerzas para adaptarme a cualquier cosa.  Mis hermanos están bien, mi madre se extenúa en alegría con cada llamada y escuché a mi Tía Mery que tanto quiero y me ha ayudado, también a Kathy, prima que tanto aprecio.  Muy importante además escuche a Papa reír, por lo cual sonreiré a ojos húmedos cada momento que su risa cruce por mi mente.

Friday, October 14, 2011

De estudiante por el norte... parte 9


El Rapto

     La semana de clases transcurrió y me enteré por un grupo en Facebook que estaban planificando un viaje a Toronto, las Cataratas y Ottawa.  En Canadá el Día de Acción de Gracias es celebrado el primer fin de semana de octubre, por lo cual, fue un fin de semana largo.  Bruna una buena amiga me invitó personalmente al viaje, pues, necesitaban alguien para completar el grupo.  Nos reunimos en Dewies una noche luego de tomar el segundo examen de francés, el desorden desastroso que se formó me tentó a no querer ir.  En vez de retirarme solo informe que lo que decidieran, me dejaran saber ya que yo no presentaba ningún problema.  El punto es que quería dar un paseo y así fuera a las Cataratas del Niágara o a danzar frente a un grifo soltando agua fría, iría.

     El viernes 7 de octubre llegó y esa tarde saldríamos camino a Toronto.  En la mañana tomé mis tres horas de francés, desayuné, recogí mis “motetes”, busque mi lonchera de almuerzo en Dewies y me reuní con el grupo a esperar.  Catorce personas no es cosa fácil, en especial si no hay un coordinador o un “líder”.  Saldríamos en dos autos familiares, minivan, a las dos de la tarde.  Terminamos partiendo a las tres y media, para la cultura puertorriqueña eso ha de ser totalmente normal, aquí si se dice a las en punto hay que estar cinco minutos antes, de lo contrario se puede apreciar el desespero cuasi coraje o coraje cuasi ira de las personas.
 
     En la minivan negra se acomodaron cuatro alemanes, un francés, una española y una mexicana.  En la negra nos acomodamos una brasileira, una belga, una alemana, una estadounidense, una sudafricana, una francesa y yo entre todas las mujeres.  El viaje fue extenuante, como no salimos a tiempo el tránsito de Montreal fue un obstáculo que agrego dos horas adicionales a un viaje de ocho horas.  De camino en el vehículo familiar fue muy gracioso ya que nos hicimos pasar por hijos de Sam, ahora sigo haciéndolo y es muy gracioso.  En diez horas nos detuvimos dos veces para usar el baño una y la otra para comprar combustible.  Con esta información podrán pronosticar el estado de mis piernas y trasero dolorido luego de todo un día en la minivan.

     Con mucha hambre, a la una y pico de la mañana nos perdimos en Toronto.  El plan era encontrar el edificio donde vive una tía de Bruna, pues, Bruna pasaría el fin de semana con su familia.  ¡Que muchas veces vi los mismos lares esa noche!  No debe sorprender la decisión colectiva de odiar a Bruna.  Luego de encontrada la familia y salido de Bruna, que luego descubrimos que es imposible odiarla, no teníamos idea de cómo encontrar el hostal donde permaneceríamos tres noches por setenta y cinco dólares.  Luego de pasar mil veces por la misma vía entramos al centro de la ciudad.

     Toronto es el Nueva York de Canadá.  No me gustan las ciudades modernas pero me es interesante visitarles.  Muy cálido estaba el ambiente y fue muy gracioso ver tanta pero tanta actividad a las tres de la mañana.  Parecía la suma de siete avenidas universidad de Rio Piedras los jueves en las noches.  Fue muy jocoso ver mujeres muy ebrias, casi desnudas y en tacos con los que ya no podían caminar.  El fenómeno es comparable con una pasarela de moda de la MDA.  Así me encontraba frente a un McDonald a las tres y veintiocho de la mañana mirando ahora la CN tower entre los edificios.

     El hostal apestaba a pies descompuestos pero me pareció agradable, económico y cómodo.  Esa noche dormí con Conni, Lourdes y Dennis en la habitación 309.  En la mañana luego de un pan cake con sabor a jabón decidí cambiar de minivan.  El grupo con el que viaje al día anterior se dispuso a visitar el barrio chino y otros mercados, el visitar mercados no me interesa para nada.  Así que partí a ver las Cataratas del Niágara con Gilles, Lourdes, Dennis, Roxy y Conni.  Con ellos desfruté muchísimo y las Cataratas son hermosas en especial si tomas el barco que te acerca a ellas.  El sentir tanta energía y frescura te llena de una emoción y felicidad que te hace ser niño por un instante, olvidas el mundo y sonríes.  Todas las chicas me hablan de mi sonrisa que les gusta, dicen que no es normal ser tan feliz y sonreír tan natural en cada foto.  Lo que no entienden es que aunque extraño a mi familia y a mi sobrino mañana cumple un año, estos momentos son de entera felicidad para mí.  Estoy viviendo el tipo de vida que siempre he querido vivir desde mis doce años de edad y sé que es solo el comienzo de la aventura que llaman vida.

     Luego de tan placentero encuentro con la majestuosidad natural, regresamos a Toronto.  El plan era subir al CNT para ver el atardecer pero percatamos que nos tomaría la noche en la fila para comprar boletos.  Decidimos, pues, caminar hasta el puerto y disfrutar el atardecer en el Lago Ontario.  El momento fue mágico, música oriental, tonos violetas y naranjas, la epifanía de Roxy con su cámara (ella no bebió café ese día, de repente descubrió unas funciones de la cámara ese atardecer y tanta emoción y brincos atemorizo a todo el grupo) una vez anocheció vimos un poco de hockey en una pantalla gigante frente al estadio y nos reunimos con todos.  La misión fue tratar de encontrar un lugar para comer juntos.  Nos dimos por vencidos y partí con Conni, Dennis y Lourdes a comer pizza por menos de cinco dólares.  Luego visitamos el bar del hostal bebimos una cerveza y nos fuimos a dormir, pues, era tarde, muy tarde.

     La mañana del domingo ya no quise pan cake!  Luego de un triste cereal visité la CN Tower,  creo que desperdicié el dinero.  En CNT solo se ve la ciudad interminable que desaparece en el horizonte y el lago.  Treinta y tres dólares es demasiado para solo eso que puede haber disfrutado de cualquier otro rascacielos creo que de gratis.  De regreso me separé del grupo con el que compartí todo el día anterior, compré una salchicha vegetariana en un carrito de un inmigrante rumano creo y me dirigí hacia el hostal donde me encontraría con las muchachas para regresar a las Cataratas.  Esta vez la visita fue en la tarde y noche, el panorama es diferente al de la mañana.

     Una vez oscureció escuchamos otro estruendo diferente al de las Cataratas.  Tan hermoso espectáculo natural trajo consigo una mini mina de otro para los hoteles, restaurantes, casinos y museos.  A cinco minutos de las Cataratas se encuentra un “Mini Vegas” trampa de turistas con freaks shows incluido y dulces artesanales hechos en vivo.  Comimos en un restauran, turisteamos a lo pobre y regresamos muy tarde.  El otro grupo, de la minivan negra, se había ido, pues, ellos visitarían Ottawa.  En un principio yo visitaría la capital de Canadá pero le cedí el espacio a Dennis, pues, el me preguntó si podíamos cambiar y yo acepte por considerarlo lo más cercano a un amigo hasta el momento.  Como todo puertorriqueño soy muy cordial, comunicativo y simpático pero no tengo amigos; la desconfianza y el no esperar mucho de nadie nos mantienen sin desilusiones pero con sorpresas esporádicas.

     La noche del domingo dormí con Sam, mi nueva madre.  Lunes en la mañana madrugamos nuevamente, paramos a comprar café y seguimos hasta el muelle.  Compramos un boleto de ferri y nos adentramos en Toronto island.  Ese lugar es tan calmado y perfecto que cambio por completo mi visión de Toronto.  Ahora pienso que Toronto vale la pena.  Primero, para ser una ciudad no está sobrepoblada (Canadá se distingue por eso, mucho espacio poca población); Segundo, es mucho más cálido que Quebec y tercero, Toronto island es un mini paraíso.

     Sin embargo jamás cambiaría la parte francesa de Canadá por la parte anglófona.  En Quebec todo me parece bonito, ordenado y “clásico”.  Sherbrooke es un lugar que me enamoró y Quebec City también, la región de Ontario para nada.  Ahora me espera unas semanas muy ajetreadas.  Ayer presenté una pieza corta en la clase de educación y tengo que entregar un súper informe de la misma, tengo que entregar un diseño de piso para la clase de escenografía, escribir un ensayo comparativo con respecto al periódico “El Mundo” y como ha cambió con el tiempo junto a un informe oral del mismo tema.  Tengo otro examen de francés y los mid-term se acercan mientras me sigo atrasando en mis lecturas.  Con todo y eso hoy iré a un huerto a recolectar manzanas, experiencia totalmente nueva para mi y espero disfrutarla al máximo.                                         

Tuesday, October 4, 2011

De estudiante por el norte... parte 8



Esto fue un Fin de Semana

Ya es cuatro de octubre y apenas estoy recuperando la voz, pero sarna con gusto no pica y si pica no mortifica.  El pasado miércoles gracias a mi gran capacidad y habilidad para procrastinar,  me dormí a las cuatro de la mañana terminando un trabajo para una clase.  El jueves así, muy descarado, sin dormir me fui a celebrar un cumpleaños y presencié la situación más xenofóbica e ignorante en mis veintidós años de vida.
 
Resulta que los RA de la residencia estaban entrados en tragos, cervezas y quien sabe que más, mientras entre todo el estruendo de “froshies” alcoholizados nos preparábamos para salir al Lion’s Pub en Lennoxville.  El grupo multicultural compuesto de vecinos de USA, Sur África, Brasil, Francia, México y Puerto Rico; charlábamos en la habitación de la cumpleañera y fuimos visitados por los RA antes mencionados.  El alcohol padre de conversaciones conflictivas engendró el tema globalización, economía y países sub desarrollados.  ¡Qué desilusión!  La gran ignorancia canadiense capaz de decir que el resto del mundo está en desventaja por no tener grandes llanuras fértiles,  sabiendo nosotros que Canadá es un bloque de hielo casi todo el año.  Escuchar que el mundo está mal por no querer copiar a los países del norte,  sabiendo nosotros que ese es uno de los mayores errores porque no puedes copiar un gobierno de X cultura esperando que sea funcional en Y cultura.  Así sucesivamente hasta escuchar cosas como: “a mí no me importa el resto del mundo”, “si fuera oscurito me entenderías”, “Si lo que quieren es dinero, pues, les mandamos”; en fin comprendí que la ignorancia está presente en todo lugar y más en los que creen que saben.

Luego de ver hasta lágrimas correr y aprender un sonido de las lenguas africanas decidí irme a dormir, nuevamente a las cuatro de la mañana. Ese viernes treinta de septiembre madrugar no era una opción.  Esperar que abrieran el “Dewis” para desayunar y recoger mí merienda fue un momento ensoñado cuasi sonámbulo.  Luego preparé café puertorriqueño para Dennis, que sería mí chofer y salí a tomar mi curso de francés y disfrutar de la música de la Piaf.

Salí media hora antes de la clase para esperar por los muchachos en la estación del bus, donde nos entregarían el auto que habíamos reservado para rentar.  Un Pontiac automático en manos de un alemán que no sabe ni arrancarlo, pues, no es manual y que de casualidad parece a “Justin Bieber”, no inspira confianza.  Dormir en el auto no fue posible.  Un largo, largo viaje pero divertido a su vez nos esperaba ese día.  Canadá es hermoso,  pero no se le compara a la diversidad geográfica de Puerto Rico.  Estas llanuras y panoramas interminables son precisamente interminables y extenuantes al punto de desesperar.  La idea de insignificancia cruzó mi cordura al ver tanta magnificencia prolongada.  Luego de seis horas de viaje vi el mar y hasta este me pareció más grande.  Antes de Tadoussac hay que cruzar el río St Lawrence en ferri, fue muy divertido ver como el camino termina en un ferri y luego continúa al otro lado del río habitado por ballenas.
 
Una vez allí fui a buscar la llave de la habitación.  Que sorpresa ver un cuarto tan rosado y florido para cuatro hombres.  Pavel sirvió una especie de ron francés que para mi sorpresa no es otra cosa que “chichaito” en botella elegante.  Luego de eso mis idiomas cualificaron como fluidos y ni dos minutos luego estaba en una mesa hablando con unas chicas que estudian en Ottawa.  Conocí nuevas personas de Hungría, Suiza, Alemania y España esa noche.  Luego de la peor cena, en la hostelería de al lado, y un paseo con las nuevas amigas, fui rescatado por personas que si “conozco” y nos visitaron unas compañeras para reírse de nuestro cuarto.  En el cuarto reímos hasta media noche solo para percatarnos que dos chicas habían perdido el bus que las llevaría a su hostelería.  Una larga y fría caminata nocturna!  Adiós a mi voz…

Como coordinado la noche anterior, ese sábado madrugamos y nos dispusimos a caminar por Tadoussac.  Vimos un lago justo al lado de mi cuarto, caminamos por el “mercado” y bajamos hasta la hermosa y fría costa.  Luego descubrimos una vereda que me hiso sentir en paz, harmonía y comunión con la naturaleza.  Un hermoso y relajante panorama, una energía y abundancia incomprensible pero admirada para nuestra raza humana.  Pavel, el checo, incluso encontró blue berries que compartió con migo.  Luego de la caminata me dió calor y a Dennis también.  Salí a mi cuarto muy apresurado a dejar mi abrigo, el de Dennis y mi iPod, pues, no quería arriesgarlo en el agua.

De regreso al muelle me encontré totalmente solo, sin hora y con hambre.  A medida pasaron quince minutos una nostalgia y desesperación nublaron mi juicio.  Un gran barco zarpó con jóvenes y el terror de tan largo viaje y no ballenas aguó mis ojos.  De regreso, a sufrir en un banco, con las manos en mis bolsillos, vi a Pavel y Antoine salir de una vereda.  Era muy temprano para zarpar a ver ballenas, de hecho fui el primero en recibir el uniforme, partí en el primer bote y el demente, anormal y muy simpático marinero fue el último en regresar.

En St. Lawrence las temperaturas fueron muy bajas.  El viaje a ver ballenas es la experiencia más fría que he vivido.  No sentía mis pies, de caer al agua moriría de hipotermia y los guantes no servían para calentar mis manos.  Una muchacha muy amable,con la que me comunique en francés todo el tiempo, me prestó un abrigo para que lo utilizara de bufanda pero con todo y el frio espantoso, la experiencia fue hermosa.  Las belugas y otras dos especies de ballenas abundaban en la región, me sentía rodeado de mamíferos gigantes como las “fin whales” segundo animal más grande del mundo.  Pude ver focas y familias de ballenas belugas, aprendí que antes de los tres años de edad las belugas con gris y luego se tornan blancas.  Esas ballenas blancas no migran y en invierno se ven obligadas a romper hielo para poder respirar, tarea que les deja cicatrices.
 
De regreso a tierra firme fue una noche muy placentera.  Aunque no tenía voz y me vi obligado a comer de un plato con carne, siendo vegetariano.  Luego de tan mala comida y en tan pocas cantidades, los muchachos compraron emparedados en el mini mercado.  Antoine encontró la peor sustancia “comestible” en la faz de la Tierra.  Un emparedado de huevo que les provocó querer vomitar.  Varios días luego recordamos el emparedado y no aguantamos la risa.  Especialmente porque de regreso los muchachos compraron otro en otro lugar y se lo regalaron a Antoine.

Como les contaba esa noche fue buena.  Primero discutí un  rato con Natalia, ecuatoriana que sigue todo lo que creo no correcto,  ella es liberalita clásica hija de Locke y conductista Watsoniana.  Nuestras discusiones no tienen fin.  Luego salí afuera como a media noche y estaban cantando con guitarra y maracas y hasta percusión cerca de una fogata.  Que noche tan bohemia aquella y que mucho disfrute con tan diversas personas.  Los músicos, amigos de Italia, Argentina y Quebec tenían un repertorio muy "universal".  Entrados en sus cuarentas con tantas libertades me hicieron ver la vida de otra manera y desear un espíritu libre, aquellos músicos viajeros.
 
Ese domingo, madrugar nuevamente, entregar la habitación y partir a Quebec City.  Que ciudad tan majestuoso.  Ese lugar me enamoró al punto que encontraría un trabajo en un café y viviría allí años sin problema alguno.  Es el tipo de lugar al que aspiramos visitar y permanecer para tener una vida como la de Amélie.  Arte, cafés y arquitectura junto a melodías y la grandeza del viento en total armonía.  El viento, que es mi opuesto, siempre me ha fascinado y lo admiro por no comprender su etérea libertad no planificada.  En las calles soplaba como una tormenta pero todos caminábamos y una felicidad llenó mi cuerpo y mis sentidos.  Tanta belleza, tanta vida y olores florales en esa montaña junto a un río navegable te tienta a dejarlo todo y comenzar de nuevo.

Ya en la tarde, comimos en un pequeño restauran libanés, comida que me gusta y además es económica.  De regreso a la Universidad el camino fue eterno, pues, nos desviamos del “highway” pero llegamos a salvo.  Comimos en “Dewis” esa noche y al otro día seguía sin voz.  En estos momentos me encuentro medicándome con medicina japonesa obsequio de una amiga y planificando este próximo fin de semana.  Ya me invitaron a New York pero no iré, pues, tengo en mente Ottawa, Toronto y las Cataratas del Niágara.