Del mejor estereotipo, las
cachetadas de la vida y la costa de mi cielo.
Así como si nada el tiempo continúa
respirando en su sueño ininterrumpido y me percato que me resta solo un mes de
clases en el norte. Las temperaturas
mejoran y la vida parece retornar a lo fue por meses un desierto blanco. Ayer me sentí desnudo y libre al poder salir
con lo que normalmente consideraba mucha ropa en mi tierra y esos 8 grados
Celsius me parecieron tan cálidos como un abrazo maternal o una noche de
camelos.
Conversando en Dewies a finales de febrero
nos propusimos conocer el este del segundo país más grande del mundo. Con mucha iniciativa todo quedo listo gracias
a Bruna y su ardua investigación. De esa
forma viajar ahora me parece algo totalmente diferente, pues, esa semana creo
fue el primer viaje real al que me he expuesto y la vida me dio una cachetada como
las que recibí en mis primeros años de universidad.
CS es una comunidad de personas
interesadas en crecer culturalmente y conocer el mundo desde un punto de vista
no turístico. Así decidimos hacer
cuentas en CouchSurfing y buscar un anfitrión que nos recibiera en su casa y
nos mostrara el este de Canadá desde un punto de vista local. Si, esa fue la locura, ir super lejos, un
equivalente a ir de Puerto Rico hasta Alabama conduciendo, para quedarnos en
casa de un desconocido y vivir con el varios días.
El proceso de selección de desconocidos
fue uno muy extrañó, pues, claro esta son desconocidos. Leyendo la información colocada por ellos en
la plataforma de CS terminamos con dos opciones en Halifax, Nueva Escocia. La decisión no fue difícil y terminamos en
casa de la persona más excéntrica y loca que he conocido en mi vida… lo
elegimos a el sobre un abogado presumido que vive en un triangulo de cristal
con sauna.
El marino retirado, nudista, consumidor de marihuana
“recetada”, polígamo y practicante de conductas sadomasoquista nos recibió en
su casa junto a sus más de treinta mil libros y una pareja de franceses que se
quedaban esos días. El viaje fue
extenuante salimos los siete amigos a las siete de la mañana y solo con dos
paradas llegamos a casa de Wayne a la una y media de la mañana que sumado a que
cruzamos la línea de cambio temporal hay que sumarle una hora a esa hora.
Una vez en tan peculiar hogar rodeados de:
libros, decoraciones de Halloween, un tubo de estríper en medio de la sala y
todo tipo de juguete sexual imaginable, desde penes de plástico, disfraces y
ganchos para colocar personas colgando del techo; simplemente comenzamos a reír
como niños pequeños. Para nuestra
sorpresa el trató la situación como lo más normal del mundo y todos nos
sentimos tontos e inmaduros.
Esa noche dormí en la sala frente al tubo
y junto a una maquina de tortura medieval,
Antoine durmió en el otro sofá.
En el segundo piso se encontraba Julia y Bruna durmiendo en el cuarto
con la camilla de enfermera, mientras Philippe y Mariela durmieron en el cuarto
con los disfraces y los aparatos de colgar personas en el techo. Esa noche
Steph no se nos unió, pues, una buena amiga la recibió en su dormitorio de
universidad.
En la mañana partimos temprano con nuestro
excéntrico anfitrión a visitar un carpintero que le ayudaría a crear una base
para colocar mujeres en los techos de cuartos de hoteles. Mientras esperábamos por el carpintero
decidimos caminar y disfrutar de la hermosa costa del atlántico norte. Una vez el negocio acordado salimos a ver
Peggys Cove una hermosa comunidad turística con una población de cincuenta
personas aproximadamente y un majestuoso faro en las rocas. El lugar es de por si muy peligroso puesto
que el fuerte oleaje reclama un promedio de tres turistas por año
arrebatándoles de las rocas. Toda esa
costa y comunidad de por si me parecía un encanto, todo es tan calmado que te
dedicas a respirar y charlar con tus amistades olvidando cualquier tipo de
preocupación.
Wayne resulta ser un personaje muy
respetuoso, atento y amante de Puerto Rico ya que durante su servicio militar paso
sus mejores experiencias con lo que llama su familia; una familia que vive en
fajardo y le recibían cada vez que estaba en la isla tratándole como a un
hijo. Él es nativo de Newfoundland y Labrador al norte de Canadá
pero ha vivido gran parte de su vida en Halifax. Esa tarde fuimos al mercado de pescadores a
comprar la cena. Wayne nos cocinó
langostas y nos ilustró la manera de comerlas.
En esos lares la langosta es la comida del pobre y plato típico
equivalente a comer pasteles en Puerto Rico.
La
segunda noche Steph se nos unió, Antoine bailó en el tubo, Wayne se divirtió
asustando a Mariela con máscaras, Philippe descubrió cosas extrañas y Julia vio
el pene de Wayne por accidente cuando el mismo se sentó en el sofá con su bata
de baño que utiliza cuando tiene visita. De mañana salimos apresurados a visitar una
reserva natural llamada Cape Split, lugar que ni Wayne conoce del todo. De camino éramos ocho por lo cual Philippe
terminó viajando sobre nosotros ya que él es el más flaco y el último en llegar
a la van. Gracias a eso le llamamos la
novia ya que todos siempre esperábamos por el.
Vimos el efecto de las mareas, paisajes
que me siguen pareciendo lugares míticos, comenzamos guerras de nieve, Mariela
se calló mil veces y Cape Split es un maldito paraíso. Una vez allí comenzamos a caminar bosque
adentro y el musgo y los pinos me recordaron la película de Bambi. Luego cruzamos riachuelos congelados, vi
ardillas rojas y el bosque se comenzó a tornar en Narnia. De la nada comenzó a nevar y todo se
transfiguró en una experiencia inexplicable, si antes parecía tranquilo con
aquella gentil nevada fue como caminar en un sueño. Más adelante escuchamos al mar el sol salió
con un brillo no caluroso y un acantilado increíble nos esperaba para ver una
tarde que jamás ha de ser olvidada y comer queso con uvas mientras la brisa del
mar conservaba mi cara de asombro.
La mañana siguiente salimos a la ciudad de
Halifax a visitar el mercado de campesinos pero ya había cerrado. Era lunes y el mercado solo funciona los
fines de semana. Temprano nos despedimos
de Wayne y desayunamos en un negocio de una familia de granjeros los cuales
cosechan todo lo que venden. Halifax no
es un lugar bello por si pero las personas son extremadamente cordiales al
punto que hasta incomoda porque no estamos acostumbrados a ese tipo de trato. Son tan amables en ese lugar que todos los
demás parecen no amables. Ahora sé lo
que significa bienvenido. Ya este año
había conocido dos personas así, Trudi y Erich para mi sorpresa ambos son de
Nueva Escocia. En la ciudad visitamos el
Citadel y el edificio más antiguo que resulta ser una iglesia. Una señora nos invito a la iglesia de san
Paul y nos dio un tour gratuito. Ese día
descubrí que el gigantesco árbol navideño de la ciudad de Boston, que vi, es un
regalo de Nueva Escocia (Halifax) por las excelentes relaciones entre las dos
ciudades.
Resulta que Julia se molestó con el grupo
porque ella es el tipo de persona que disfruta de los pueblos más que de la
naturaleza. El comprar chucherías y
beber café en cafés es su concepción de viaje perfecto. Ese día y prácticamente el resto del viaje
ella fue un dolor como el tipo de dolor cerca del coxis. Esa noche nos dirigimos a Cape Breton lugar
que según sus habitantes es el lugar más hermoso del mundo y sin duda es uno de
los lugares más hermosos del mundo y la sociedad que habita en el
principalmente “Acadios” me resultó increíblemente interesante. Los acadios hablan un francés mucho más
peculiar que los quebequenses y casi incomprensible para los franceses.
Esa noche nos quedamos en un hotel en Chéticamp.
De camino nos perdimos porque estaban
construyendo en la ruta y muy frustrados, pues, era de noche llamamos al hotel
para preguntar. Los dueños del hotel nos
fueron a buscar en medio de la noche y nos guiaron hasta el hotel. Una vez allí nos trataron muy bien y luego
nunca más les vimos, ella nos dijo que colocáramos las llaves en una mesita de
noche y saliéramos cuando quisiéramos. Ese
momento fue como tener casa propia, el hotel tenia hasta yacusi y un bello
paisaje. En la mañana nos levantamos
tarde y desayunamos en un restaurant familiar con mil viejitos rodeándonos y
pocos jóvenes. El trato nuevamente fue más
agradable de lo esperado, esas personas son demasiado cordiales y amistosas.
En la montaña descubrimos porque ellos
llaman ese lugar el más hermoso del mundo y sentirnos insignificantes ante
tanta grandeza y el océano congelado de frente a tan imponentes montañas; y
estar rodeados de personas tan amadas solo te lleva a pensar que estas
disfrutando de la vida. En esa ruta que
continuaba dejándonos boquiabiertos paramos para utilizar el baño pero tanto
nevó las noches anteriores que fue imposible abrir la puerta y terminamos
orinando en la nieve con nieve hasta las rodillas. Luego tratamos de hacer un recorrido por uno
de los trillos pero fue incomodo porque de ser atacados por coyotes no podríamos defendernos por tanta nieve que
nos dificultaba caminar y además tres personas se quedaron en el auto… en especial
Julia que continuaba molesta.
De camino a la Isla del Príncipe Eduardo
(PEI) tratamos de ir hasta un ferri que luego descubrimos no estaba funcionando
por la temporada. Tuvimos que conducir
tres horas adicionales para llegar a un puente y llamar a nuestro anfitrión para
decirle que no podríamos llegar y que por favor no esperara por nosotros para
la cena. Tratando de solucionar el
problema fue un poco incomodo y paramos a comer en Mcdonals lugar que
simplemente detesto. Jeff nos esperó
despierto hasta muy tarde y nos recibió con un biscocho de chocolate que el
horneo para nosotros. Su casa es como
sacada de película con un árbol de navidad en natural en el exterior con luces
y siendo azotado por el viendo invernal en una noche de luna llena. En la parte trasera de su casa hay una habitación
en cristal con chimenea y vista al árbol navideño y a la imponente pradera. Él es simplemente un ángel que resulta ser veterinario. Cuando nos mostró los cuartos donde moraríamos
cada cama tenia toallas y un chocolate esperando por cada uno de nosotros y nos
pidió que madrugáramos para al menos tener un desayuno junto a él.
Esa mañana tuve un desayuno impresionante
con pan horneado en casa y una fritata que simplemente me provocó sentirme
incomodo porque tanta amabilidad me resulta extraña. Nuestras caras simplemente eran de niños sorprendidos
con un truco de magia. De salida él nos pidió
que estuviéramos de regreso para la cena con su esposa y una de sus hijas.
Julia se separó del grupo con tan negativa
energía que hasta derramó un galón de jugo de china en la minivan. Con ella partieron Mariela y Steph hacia
Charlottetown. Phil, Bruna, Antoine y yo
seguimos la aventura hacia unas dunas y terminé en las costas de mi cielo y me
despoje de toda ropa invernal y sentado en la costa recibí y sentí toda la energía
de la tierra y fui muy muy feliz. Yo
simplemente amo mis nuevas amistades y puedo ser tremendamente insoportable e
idiota con ellos y he descubierto tantas cosas y crecido con ellos. Hoy hay un pedazo de mi corazón en cada
continente de la tierra.
Luego de la costa congelada salimos en
busca de un faro en un acantilado, tan escondido que no hay carretera que
llegue a el y tan oculto que el GPS no podía encontrarle. Yo le encontré y en
el intento caí en un “lago” y el agua congelada entro en mi bota y cada paso
mis piernas se sumergían en nieve y la corriente de agua me frisaba en alma y
la risa se apoderó de mi rostro y mis pulmones no podían contener el aire y una
pavera es poco comparado con mi risa esa tarde en PEI. Ya en tierra firme
cruzamos por un sembradío y el viento capaz de movernos en contra de nuestra
voluntad y artífice de un riachuelo que desembocaba en forma de cascada en el
acantilado de barro colorado. El viento
es mi elemento favorito y nunca puedo explicar la sensación de libertad y
bienestar que experimento al sentirle en especial a velocidades peligrosas tipo
huracán. El viendo nos condujo caminando
sobre las aguas hasta el faro y luego de sonrisas y fotos los cuatro amigos
regresamos hasta el vehículo y nuestros pies apestaron tanto que aun creo
sentir la peste en algún rincón oculto de mi nariz.
En la tarde visitamos Charlottetown y
disfrutamos de tan colorido pueblito y compramos vino para Jeff en gratitud
para encontrarnos con las tres chicas en la van y retornar a la casa a conocer
la familia. Para mi sorpresa la familia
de Jeff no es tan amable como el… o lo son pero con intenciones no puras. La esposa en una echona, altiva que solo
quiere que todo el mundo piense que su hogar es el mejor y presumir de ello es
su pasatiempo favorito. La hija es bicha
y media pero buena gente. La esposa
estaba cargada de una energía falsa y todo lo que habló conmigo me pareció
manchado con hipocresía. Me sentí muy
triste por Jeff pero luego pensé que esa es su felicidad y que no todo ha de ser
malo con aquella mujer tan vana y superficial.
En la mañana fue momento de retornar a
Lennoxville en Quebec y tanto dormí que nunca vi el puente para salir de la
isla. De regreso ya nos conocemos más y
tenemos mucha más confianza todos con todos incluso Julia que luego de una
semana del regreso menguo su coraje y sonríe a la vida como es debido. La experiencia es inolvidable y los lazos de
amistad cada vez son más fuertes. Incluso
en la enfermedad esos seres internacionales cuidan de mi y de mi parte espero
no fallarles en un futuro.
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