Monday, January 16, 2012

De estudiante por el norte... parte 16


De cómo -7 grados Celsius termina siendo algo cálido.

            Ya me encuentro en Canadá y puedo decir sin vergüenza alguna que al regresar a este lugar mis ojos se humedecieron de la alegría.  Ese sentimiento no es nuevo, pues, algo similar me sucede cada vez que regreso a Puerto Rico pero con mayor intensidad, es la emoción de saber que llegaste a un país donde se encuentra un especio que consideras tu hogar.  Quebec es un lugar que terminé amando sin razón aparente, pero me es totalmente comprensible luego de haber pasado casi un mes en los Estados Unidos.
 
            Tres grandes accidentes sucedieron en ese país colonizador.  El primer día me perdí y gaste casi doscientos dólares a causa de eso, el día de Navidad el frustrante problema de comunicación con mi amigo y la noche en el hostal me costó cien dólares y para terminar con broche de oro mi “amigo” alemán se sentó sobre mis anteojos destruyéndolos lo que me costó cuatrocientos cincuenta y cinco dólares y al son de hoy continuo esperando que se disculpe.  Esos tres accidentes sumados al itinerario previamente establecido me han dejado en la quiebra.  Hoy debo dinero a dos europeos, a la universidad y no tengo para pagar cuotas de mis cursos y mi libro de texto.
 
            El veintiocho de diciembre me encontré con Bruna mi amiga de Brasil y al verle mi rostro fue transmutado, un abrazo y feliz por dos días.  Ese día caminamos tomándonos del brazo para no perdernos en Nueva York, pues, en esos días he descubierto está más atestado que de costumbre.  Nos encontramos con Sam y visitamos el museo Guggenheim.  Ese fue un día perfecto y ellas dos están en mi corazón y sé que es algo que perdurará y trascenderá etapas de la vida de manera que un día cuando el alemán me esconda las cosas y me cambie la memoria, alucinaré con ellas sin tener rastro del tiempo, sentado en una mecedora tropical delirando con un invierno pasado.

            El día treinta recogí a los europeos y a mi amiga de Brasil fue un buen día.  El treinta y uno me encontré con mi pedacito de alma ecuatoriano y luego de un almuerzo todos nos hicimos tan insignificantes entre la multitud que en momentos solo sabía que estaba con mis amistades porque les agarraba de la mano.  Esperamos y esperamos y esperamos y esperamos y la noche llegó y luego esperamos y nos sentamos en la calle y vimos traseros en rededor nuestro y de la nada hablamos italiano.  La señora apareció de la nada y con solo su lengua materna se encontraba entre la multitud.  Agradezco a Ángel Emilio Torres donde quiera que se encuentre por enseñarme un poco de italiano y gracias a él me comuniqué y ella me dijo que de ir a Italia me iría bien.  Los artistas por allí cantaron y prácticamente no me enteré por la distancia y la multitud pero el año nuevo se acercaba.

            Tanto extrañé a mi madre ese comienzo de año, sin familia las fiestas son nada más que otro día.  Sin familia, sin padres no hay magia y cada momento que pasó sin mi madre me parece más y más soso.  He descubierto que el complejo de Edipo es muy cierto y de muy joven me enamoré dos veces y ambas eran tan expresivas como mi madre y tan alegres y extrovertidas como la misma.  La vida me pasa y continúo solo esperando que llegue la Ana Isabel de don Carlos Eugenio pero los cuentos de hadas no existen al menos no sin mil años entre medio y agraciada y lamentablemente para el resto del mundo mis padres están viviendo uno.  A veces creo que seré otro Fidela y simplemente les daré mi vida a ellos, como ya lo he hecho en ocasiones en las que me necesitan ateniéndome al fracaso con tal de verles comer y sonreír en una sala de emergencia.

            Al comienzo del año también pensé en mi amigo José, el ponceño alcohólico en Nueva York.  Es tan estúpido ver ferrar a la humanidad confiando en empresarios y corporaciones y temiendo de los victimas del sistema y el sueño “americano”.  José tal vez ya murió y sigo pensando en él y en la conversación que sigo tratando de descifrar antes de verle desvanecerse y ser sacado en camilla de aquel lugar.  Es de humanos hablar, sonreír y amar.

            Luego del confeti que nunca vi y un real abrazo a Natalia todo termino vacio.  Ese lugar atestado ahora era un mar de humanos con prisa de regresar.  Caminamos y dije adiós con dolor en mi corazón y con un agridulce en el alma que no me garantiza volverle a ver pero que me asegura hacer el máximo para lograr visitarle y perseguir tortugas que se creían extintas.  De esa forma caminamos hasta el sur, y esa isla ciudad caminé de norte a sur, y mientras todos dormían vi a la mujer de la nación que mucho tiempo atrás luchó por la libertad para luego odiar a Carter por hacer lo mismo.  Esa nación que me hace llorar de frustración y que por más que miro mi pasaporte no consigo sentirme parte.  De esa forma vi la mañana y aprendí si alguien quiere ser parte de tu vida, lo será. Así q no pierdas tiempo guardando espacio para quien no hará ni el mínimo esfuerzo en quedarse.  Porque desvivirme por quien nada merece brindando amistad incondicional a desconocidos.  La filantropía y empatía que corre por mis venas no sé encuentra en todos y sigo de Humanista desilusionado de mi campo de estudios.

            De esa forma continué y visité MoMA en prácticamente una hora pero tanto orgasmo intelectual y creativo no me permitió sentir coraje.  Luego me encontré con Japón y visitamos el sur de la isla ciudad ya sin anteojos y esa noche visité Broadway para salir con una sobre dosis de indiferencia que me permitió ser tan feliz como el “Honey Badger” y gritar y brincar en times square casi a media noche avergonzando a todos y disfrutando de ello.

            A Philadelphia no fui pero aun debo el dinero del pasaje, pues, estaba previamente separado y pago.  Al Distrito de Colombia fui y solo caminé sin saber a dónde y por más de cuatro ópticas pasé hasta encontrar una económica y ustedes ya saben.  Esa noche hablé con mi amiga Rosa por FaceTime y me fui a la cama sin saber del rumbo de los que allí fueron conmigo.  En la mañana traté de esperarles pero fue demasiado y seguí solo hacia lo que sería el mejor día del nuevo año.

            Ese día desayuné como rey y recolecté mi nueva visión veinte veinte.  Luego caminar en la capital respirar y sentir el verano estadounidense en enero del 2012.  Fue tan caluroso y soleado que recibí un bronceado, caminé y caminé y caminé y vi la tumba de Kennedy y sentí melancolía en el monumento de FDR ya que si no es el más grande es uno de los más grandes presidentes de la nación norteamericana y no me refiero a Canadá.  Gracias a él esa nación estuvo alejada del neoliberalismo por varios años y el Nuevo Trato mejoró la calidad de vida de muchos incluyendo a la del jibarito de Rafael Hernández y mi abuelo Cete.  Si tan solo todos los presidentes fueran una mezcla de él y Carter creo que ni fuéramos colonia. 

            Al final del día les encontré y el sueño me alcanzo leyendo.  De regreso a la estación de autobuses sentí tanto coraje al ver lo que vi que terminé escribiendo lo siguiente:

            “Es que me encabrona cada vez que veo la mono estrellada que "mash-up" con la puta pecosa. Puñeta nuestra bandera revolucionaria es azul cielo y la del Estado Libre Asociado de Puerto Rico es Azul Royal (color de la monarquía francesa y la bandera de Quebec). ¿Por qué carajos cada vez que veo la que se supone sea mi símbolo patrio tiene azul marino en el jodío triángulo? Puñeta mi gente qué pasa que no se percatan, tan enfermos estamos como pueblo? Nos Lo están metiendo mongo y nosotros con una sonrisa en la cara de pendejos, turísticamente bien en la colonia del encanto.     
                                                       
            Otro problema de comunicación me impidió llegar temprano para decir adiós y sin darme cuenta ya estaba en un bendito tren de regreso a Canadá lugar que tanto aprecio.  Que hermosos panoramas de regreso, que hermosos lagos y ríos congelados, las cabañas y todo.  Amo los trenes luego de tan hermosa experiencia, cabe resaltar que si, también me senté solo y aparte en ese viaje de diez horas.  

            Una vez en Montreal tomamos el metro y luego comimos cerca de la estación de autobuses para continuar el viaje a Sherbrooke y al fin de cuentas de New Jersey a mi habitación en la universidad me tomó veintiuna horas.  Una vez aquí mi roomate estaba dormido y sin mucho escándalo terminé dormido también.

            Hasta el día de hoy sigo siendo un nudo, pues, mis amigos no están aquí y mi círculo se redujo a cinco personas que no son tan impactantes como el anterior aunque si les adoro, pero como buen ser humano sé que nadie es reemplazable.  Este semestre si estoy disfrutando las materias en especial porque son artes y van dirigidas a mi maestría en educación de artes y lenguas.  Y me parece importante mencionar que amo el invierno tanto como al otoño  y este fin de semana lo he pasado cerca de los -30 grados Celsius y ya no deja de nevar.  Ya no hay caminos por más que tratan de limpiarlos y mis ventanas están totalmente congeladas.  Si colocas una bebida en la ventana en quince minutos es solo un pedazo de hielo.  Esta semana estará cerca de los -10 por lo que decimos que serán unos días muy cálidos.